Mi primer trabajo

Mi primer trabajo no tuvo cercanía con el mundo verde, y como yo estaba muy “verde” aún, no tenía opciones de elección. Este se desarrolló en la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), específicamente, en el Proyecto TANDAR.

Era entonces una jovencita recién llegada de Barcelona, donde estudiaba Biología. Para mí, que en Cataluña iba a las marchas de “Nuclear, ¡no gràcies!”, trabajar en la CNEA era algo contradictorio y creo que ¡hasta vergonzoso! No obstante, venciendo esos resquemores encontré en el laboratorio de Electrónica, en el que cumplía la función de secretaria, un grupo de técnicos e ingenieros brillantes que hacían que trabajar fuese una diversión y una formación conjunta.

Sin dudas, ahí aprendí cómo organizarme y, también, a valorar prioridades y a concluir en tiempo y forma las tareas. Todas pautas que he ido aplicando en los diferentes campos de mi vida futura. El Ing. Daniel Camín encabezaba este grupo, y, sin duda, él ha sido un referente en mi trayectoria.

En la Facultad de Ciencias Exactas continué con Biología, y cierto día, una compañera vino con unos dibujos y planos de jardines (¡me encantaron!) y me dijo que había empezado la tecnicatura en floricultura y jardinería en la Facultad de Agronomía.
Apenas tuve la oportunidad, allí me dirigí y, al año siguiente, dividía mi vida entre la CNEA, Ciudad Universitaria, la Escuela Hall y mi primer año de matrimonio… una maratón diaria, típicamente argentina.

Fuente: Nota http://economiayviveros.com.ar/abril2015/profesionales-floricultura_viveristas.html

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